¿Estamos siendo más estúpidos?

Imagen representando la estupidez moderna

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La estupidez no es simplemente falta de coeficiente intelectual, sino un fenómeno histórico, social y cambiante que adopta formas distintas según la época.

Hoy muchas personas sienten que “todo el mundo está más bruto”, pero esa sensación dice tanto de la realidad como de la manera en que medimos la inteligencia y consumimos información en la era digital.

Cada periodo ha tenido su forma de producir y entender la estupidez: desde la “ignorancia sabia” de Sócrates, pasando por las masas de clichés literarios, hasta la burocracia absurda y la cultura de formularios y sellos.

En la actualidad, el contenido ligero, banal y rápido se impone como referencia en redes y medios, y muchas personas se sienten atraídas por esa vía de escape en un mundo sobrecargado.

Educación, infoxicación y habilidades básicas

Mientras tanto, los sistemas educativos siguen enseñando casi las mismas materias de hace décadas, sin priorizar habilidades básicas como matemática funcional, lectura comprensiva y pensamiento crítico.

La información está disponible en segundos, pero la capacidad de entenderla y usarla bien parece ir en descenso, con estudiantes que leen poco y se acostumbran a contenidos ultracortos como los de TikTok.

La infoxicación (exceso de información), la urbanización y la complejidad técnica de la vida diaria generan fatiga mental, y eso abre espacio a teorías disparatadas, rechazo a las vacunas y decisiones públicas mal enfocadas.

No siempre es que sepamos menos, sino que conviven más ideas, incluidas muchas tonterías, circulando en tiempo real y sin filtros.

Élite cognitiva, pueblo y resentimiento

Se amplía la brecha entre una élite cognitiva (académicos, tecnócratas, profesionales hiperformados) y un pueblo que siente que lo tratan como ignorante por no dominar códigos técnicos, políticos o culturales.

Esa sensación de humillación intelectual alimenta resentimiento, rechazo a expertos y simpatía por voces que hablan “sin filtro”, incluso si no tienen formación sólida.

En este escenario, el conocimiento profundo pierde visibilidad frente al éxito rápido de figuras que no leen, no estudian, pero acumulan millones y marcan agenda cultural desde la música o el entretenimiento.

El mensaje que se percibe es que el capital simbólico de títulos y libros vale menos que la cuenta bancaria inflada por contenido superficial.

Cierre: conciencia sin humillación

Es posible que exista un empobrecimiento cognitivo en ciertos ámbitos, pero hablar de estupidez siempre implica el riesgo de simplificar y humillar.

Lo más saludable es reconocer nuestros propios límites, sesgos e ideas heredadas, sin caer en un cinismo que nos haga renunciar al objetivo de ser una sociedad más inteligente y consciente.